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sábado, 8 de octubre de 2011

EVOCACIONES MEZQUITANAS-27


27
Los animales domésticos. A los que sin duda se les proporciona un trato en función de los beneficios que reportan. La energía bruta de los jumentos y jumentas, pollinos y pollinas, asnos y asnas, burros y burras, machos(mulos) y mulas. Tenían que ser dóciles.
Con la carga

Domar las rebeliones juveniles. Que tomen bien el trillo y no tiendan a la fuga de la parva. Que no deserten del yugo y del arado forzando a su pareja. Caballerías dóciles y trabajadoras son tesoro.

La energía limpia y ecológica de las bestias incluidos los boñigos que se reciclan en sustancia fértil para los campos y hasta combinan con el salvado para la hechura de los tocinos. Alimento con mucha fibra.
En la arada

El pesebre colmado de paja y de cebada. Y, cómo no, de pipirigallo, forraje exquisito que llena los campos de color cuando florece en primavera.

Y la ceremonia de dar de beber a aquellos animales sedientos. Todo un rito. El agua no está en la cuadra. Ni menos sube hasta el barrio de El castillo. Hay que abrevar en los abrevaderos que se llenan del agua sobrante de la fuente.

En la trilla
Abrevando
Aquellos tragos largos, enormes que dan tiempo a los mozos para pelar la pava con las mozas mientras  se llena el cántaro en la fuente. Sincronía y sintonía entre cántaro y bestia abrevada, entre mozo y moza que no sé por qué secreta razón siempre se encuentran en la fuente y abrevador.

Sin cobertura y sin móviles, en aquella Sierra, siempre coinciden en el beber cántaros y bestias

viernes, 7 de octubre de 2011

EVOCACIONES MEZQUITANAS-26


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Las bestias de arado y carga daban vueltas a la iglesia


Por S. Antón, el fulgor nocturno de las hogueras. La procesión de las bestias de carga alrededor de la iglesia, con plegaria incluida para que el Santo anacoreta las librara del mal. No hay mal de soledad en Mezquita. Por ello, no existían las mascotas y animales de compañía prisioneros.

Cierto, cierto los burros se atan al pesebre y las reses se encierran en el corral o en la paridera. Y el pobre cerdo en la choza oscura. Y la perdiz o perdigacho, reclamos, se encierran en la jaula. Son animales domésticos que ayudan a sobrevivir en la aldea. Aquella relación horizontal. Compañía que aleja soledades urbanas de ascensor de claustrofobia.

Las hogueras de S. Antón. Las patatas a la brasa cuando el esplendor amaina. La hoguera de la plaza,  como la falla fuera de concurso de la plaza del ayuntamiento de Valencia. La hoguera más grande.

La hoguera del callejón del tio Cipriano, en el barrio de El Castillo, la más pequeña, la más entrañable. La más alegre.

Qué noche la de S. Antón para los zagales que, por el día, han arrastrado aliagas y maleza para aumentar la pira. Qué sencillez, qué humilde contentamiento, qué sobria plenitud.

Qué mañana de S. Antón cuando la nevada, que no impedía que, con dificultad, se sacara a las caballerías para dar vueltas alrededor de la iglesia. Las bestias resbalan por las pistas de hielo. Y el zagal con sus abarcas.
Protector delos animales

jueves, 6 de octubre de 2011

EVOCACIONES MEZQUITANAS-25


25
Por S. Antón, la gallina pon. No había granjas modernas que aceleraran la puesta y la madurez del pollo. Allí, en Mezquita, no hay granjas modernas. Allí, está el corral y las titas, titas, titas que picotean entre el fiemo y duermen en unos palos ad hoc, en un rincón del cubierto.

Aquellas gallinas que dan huevos y, a veces, les entra la fiebre de la maternidad y se ponen cluecas y se pasan los días amparando y calentando una docena de huevos hasta convertirlos en pollitos y pollitas.

Las pollitas se transforman en gallinas ponedoras. Los pollos se crían lentamente, muy lentamente. Meses y meses. Hasta la fiesta o cualquier acontecimiento. Los pollos antes que se industrializaran, eran la aristocracia rural. Ahora es otra cosa.  

Hay un pollo privilegiado que se indulta para que sea el gallo del corral. El canto imperial y desafiante del gallo, su plumaje vistoso, su cresta palaciega. Y si había dos, las batallas sangrientas suscitadas por celos gallináceos.

Nunca había paz en un corral con varios gallos. El gallo sube al bardal, se asoma a la Sierra y exhibe su canto real.

Las gallinas, más discretas, con su picoteo eterno y su clo, clo, clo... hasta que se esconda el sol por Peñatajada y se acerquen las sombras. La hora de retirarse a descansar.

A veces, sueñan las gallinas en el palo del gallinero. Rrruu, rrruu. Glogloglo... Rrruu.

Y el gallo canta al amanecer.

“Apriessa cantan los gallos y quieren crebrar albores”. (Cantar del Cid)

miércoles, 5 de octubre de 2011

EVOCACIONES MEZQUITANAS-24


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El hogar es el corazón de la casa. El invierno es eterno. Allí están los bancos de madera alrededor del fuego donde se queman las trancas de carrasca. Hierve el puchero con los garbanzos y el tocino. Al fin de la jornada, allí se acomoda la familia para sentir la calidez del hogar. Para atizar el fuego. A veces, no sé si el cierzo o el regañón penetran por la chimenea y consiguen revocar el humo y suscita el picor en los ojos y la lágrima. Por aquella chimenea que se asoma a las eras y a S. Jorge, además del cierz0, entraban los Reyes  Magos.

Los puestos de honor en aquel humilde hogar, para los patriarcas familiares. Los más cercanos al fuego. El abuelo pelaire, entendido en lanas blancas, en el rincón del banco de la derecha. Un poco gruñón y diligente. La cabeza, como un vellón inmaculado. El padre, paciente, bondadoso y callado, de frente en el otro rincón. Los zagales se acomodan como pueden. La madre nunca tiene lugar a no ser para atizar el fuego o atender al puchero. La madre nunca encuentra lugar ni tiempo para el descanso. A veces, saltan las chamiretas de la brasa como estrellas musicales. Los duros asientos de madera se alivian un poco con almohadones alargados que llaman mariquillas. Liviano mullido de virutas de corcho. En el fuego del hogar, se calienta el rostro y se enfría la espalda. Es una calefacción asimétrica.

Noches para recordar, aquellas en las cuales se freían los lomos y costillas del cerdo sacrificado, y longanizas para, a continuación, enterrarlos en tinajas y ahogarlos en aceite. El adobo.

Noches gloriosas y más familiares y más hermosas las del desbrine del azafrán. Romances y relatos de la más vieja tradición se oían en aquellas veladas mientras las flores del zafrán pasaban por diligentes manos.


martes, 4 de octubre de 2011

EVOCACIONES MEZQUITANAS-23


23
Lo del trujal es un pozo misterioso.
Rematado en unas tablas en las que se vacían las uvas. Por las rendijas se cuela el mosto que, sometido a una fermentación oscura, engendra ese caldo que llamamos vino. Para tratarlo con mesura.

Nada en demasía como decían los clásicos. Moderación. Los hijos de Noé son testigos de a dónde lleva el abuso. ¿Qué quién es Noé y qué batalla o querencia tuvo con el vino? Esas cosas ya no se enseñan. Y qué importan y para qué sirven. Está el botellón de nuestros parques y esos fines de semana  excesivos. Eso sí se comprende. Vivimos al día y de Noé mira qué nos importa.

La vendimia que llega en aquellos cestos cilíndricos –cuévanos se llaman--  para acomodarlos en la albarda de los jumentos y vaciarlos de racimos en el trujal. Y a pisar las uvas con aquellos pies liberados de pedugos y de albarcas. Aquellos pies endurecidos y acostumbrados a recorrer caminos y yermos y barbechos, a subir por aquellos montes. Son los que pisan las uvas. Y el mosto se oye llover en el pozo. Encima de las tablas del trujal queda la brisa, el pellejo de la uva. Esta brisa se prensa en aquellas prensas manuales que chirrían al ser presionadas y suelta en fuentes el poco mosto que queda. Una delicia.

Y llegan los vendimiadores de la viña con sus cuévanos en las caballerías en compañía de un enjambre de avispas que liban el dulzor de los racimos. Los otoños de la vendimia en Mezquita. Cuando viñas había. Que ya no sé cuántas eternidades hace que murió la última.