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¿Había Reyes Magos en la “Olmeda
de la Sierra”, “El Carrascal del
Castillo” o en Mezquita de Loscos para un niño de la Guerra? ¡Los niños
de la Guerra! ¡Los Magos de los cuarenta!
Hacía frío, mucho frío en aquella casa que se
asoma al Norte, a S. Jorge y a las eras que, con frecuencia, en estas fechas,
aparecían nevadas.
¿Había Magos Melchores, Gaspares y
Baltasares? Los padres, también los abuelos, decían que llegan Reyes a los que tener contentos y, por ello, hay
que dejarles condumio para ellos y sus cabalgaduras. Magra era la carga de sus
Majestades que llegaba hasta aquellos lugares en aquellos tiempos.
A veces, una barrita de guirlache que,
en la noche de autos, los padres, con almendras de la Huerta de la Higuera, caramelaban
con urgencia.
A veces, un caballo de cartón, que ya
era la repera.
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| "Relonchil" con una guía y a rodar. ¡Qué gozo! |
A veces, un lapicero.
Llegan por las eras y se introducen por
la chimenea. Por la que también se cuela el viento silbando su heladura.
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| Barritas de guirlache |
Curioso. Los niños de la Guerra nunca
vieron a los Reyes colarse por la chimenea. Había que creer en ellos como se
cree en los fantasmas que no existen. Los niños modernos y posmodernos ven
Reyes Magos por todas partes. Pasean sin pudor por el asfalto y ya no se
molestan en aterrizar invisibles por los tejados y chimenea, que, por cierto,
solía vomitar humo cegador y asfixiante. No me explico cómo aquellos Magos
soportaban el frío, el humo y la invisibilidad.
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| Algo así. Pobrecito. El cabllo, claro. |
¿Y qué? ¿Son más felices los niños del
empacho actual, con juguetes de Magos,
que llegan por Navidad, y de parientes que no precisan llegar, que están y
pueden, a diario, satisfacer caprichos?
Pobrecitos. ¿Los Magos, los parientes o los niños? Todos. Me merecen más lástima
que me merezco por el guirlache, el caballo de cartón y el lapicero.